Wilfred Bassey esperaba a Peggy cerca de la entrada principal de la estación. Era un hombre alto, delgado, de porte algo señorial y aparentemente reservado, pero a la vez sereno y seguro, desprendiendo una sigilosa juventud y vitalidad; ojos azul grisáceo oscuro tras unas gruesas lentes, y cabello oscuro. En ese momento estaba mirando su reloj de bolsillo, algo más grande de lo habitual, dorado.En ese momento, dejó de mirar su reloj para dirigirse hacia una muchedumbre que procedía de los andenes, fijándose por el flanco izquierdo, y ella apareció por su derecha. Cuando se vieron, se abrazaron, y Wilfred recogió la mayoría del equipaje de Peggy.
-¿Qué tal el viaje?
-Igual que cualquier otro viaje en tren, querido... ¿Siempre están haciendo obras en esta estación?
-Sí, así es... Cambridge cada vez es más importante -llegaron ante el automóvil de Wilfred- ¿Qué te parece?
Era un automóvil de carrocería marrón y negra, con dibujos y relieves, guardabarros dorados y grandes ruedas negras, engomadas en caucho, de radios finos, con formas elegantes. Tenía un capó replegado y por detrás de ese capó salían dos finas chimeneas doradas. Era de cuatro plazas forradas en cuero marrón, y tenía el motor de vapor justo detrás, aunque aparentaba pequeño. Tenía unas aberturas verticales similares a las branquias de un tiburón cerca del guardabarros trasero. Sin embargo, era en relación a otros modelos algo pequeño, y aparentaba ligero. Peggy estaba maravillada.
-Me parece que el diseño más técnico es tuyo, tengo ganas de ver cómo funciona, pero dudo que lo hayas decorado tan bien. Es... bonito.
-Gracias, Lady Helen Margareth Carley... ¿Así que no soy capaz de hacer eso que tú dices? Te vas a comer las palabras... Oh, sí, desde luego. En el estudio tengo las pruebas.
-Pues entonces estoy impresionada... Pero no me vuelvas a llamar así... Veamos cómo funciona.
Habían dejado la mayoría del equipaje en los asientos de detrás.
-Vaya, el motor ha comenzado a bajar de temperatura... -suspiró Wilfred mientras se colocaba unas gafas de conductor doradas. Entonces bajó una pequeña palanca y pulsó un botón. Un leve siseo se escuchó, y seguidamente pulsó otro botón. Las aberturas traseras dejaron ir un vaho de vapor, y la chimenea más grande comenzó a emanar considerable cantidad de vapor. Peggy estuvo atenta a todas estas acciones, desde su posición de copiloto.
-Vaya, estoy maravillada. Apenas vibra, es muy estable.
-Querida: estabilidad "Bassey". Lo malo es que aun no consigo un sistema más efectivo y rápido de encendido del combustible, así que he tenido que dejarlo encendido. Lo bueno: nadie apenas oía que estaba encendido. Tiene un condensador especial que a relativas bajas temperaturas recoge el...
-Bueno, Wilfred, estás tardando lo que tardaría en encenderse. -interrumpió Peggy.
Su coche desfiló por toda Hills Road. Se cruzaban con varios coches a caballo, y algunos otros coches a vapor, pero parecían ir más lentos.
-Eh, Wilfred -espetó Peggy- ¿a qué velocidad puede llegar?
-Eh,... aun no lo he probado a máxima potencia, pero estamos yendo a 4o km/h y aun no está ni caliente.
-¿Kilómetros por hora?
-Sí, estoy usando el Sistema Internacional de Unidades -gritaba mientras conducía.
El coche continuó por Hills Road hasta divisarse algunas facultades, colegios y jardines de la Universidad de Cambridge, y giró a la derecha por Park Terrace, para girar nuevamente a una calle más estrecha a la izquierda, a Victoria Street.
Vivía en una pequeña casa con un pequeño jardín no destacable, pero sí bien cuidado. Wilfred llevó el coche hasta un rincón del jardín, con sumo cuidado, entre una especie de cobertizo creado por enredaderas que trepaban por alambres forjados de hierro. Colocó el automóvil encima de una plataforma de madera, lo apagó. Wilfred se bajó, y cuando Peggy hubo bajado, le pidió que mirara si había alguien del vecindario mirando.
-¿Por qué?
-Tú hazlo y dime si alguien.
No había nadie. Wilfred estiró de la pared algo, y aparecieron cuatro guías de bronce por esquina de la plataforma de madera. Entonces el automóvil comenzó a hundirse hacia un subterráneo, mientras se escuchaba suavemente un mecanismo.
-¿Y esto? -preguntó bastante sorprendida Peggy. -¿Desde cuando escondes cosas bajo suelo? ¿Por qué? -dijo con una sonrisa tímida
-Muy bien Peggy, a partir de ahora, lo que vayas a ver, oir, tocar, notar en tu piel, respirar o lo que sea, no puede salir de tu boca o de tus manos, o de tu mente, ¿comprendido? -dijo suave pero enérgicamente Wilfred, agarrando las muñecas de ella. Ella asintió, con cierta consternación y curiosidad. No conocía esa nueva faceta de la vida de su primo, tan misteriosa.
Wilfred buscó en su bolsillo una llave. Era una llave especial, como de seguridad. La introdujo en la puerta subterránea, y a Peggy le pareció oir unos mecanismos, pero no estaba segura, eran demasiado débiles.
2 comentarios:
Me está gustando la historia, la verdad.
Espero atento a los siguientes capítulos ;)
mr.Boffin
Tienes mucho talento escribiendo, y la historia va cogiendo dinamica.
Sigue así!
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