Estaban dentro de una sala de paredes marrones, con algunos dibujos geométricos pintados en azul, rojo y amarillo, todos reseguidas en blanco. Parecían no tener ninguna función mayor que la decorativa, aunque Nór reconoció un símbolo. Era el símbolo del medallón, y el mismo símbolo representado en la cámara secreta de casa de Sol, y éste se encontraba pintado en un mojón de piedra clavado ante una zona de luz. Había en el techo un orificio de entrada de luz, y a unos cinco metros, contra la pared pero en la penumbra, un trono austero. Allí estaba sentado un hombre viejo. Tenía el cabello, blanco, recogido hacia atrás. En su frente tenía pintado el símbolo en azul. Sus ojos parecían más jóvenes, inteligentes, y agudos. Estaba cubierto por un manto de tonos primordiales.
Llegaron ante el monolito y no pasaron de allí. No les estaba permitido. El otro hombre y la mujer hicieron una extraña reverencia, arrodillándose ante el anciano y alzando las palmas hacia arriba, inclinando la mirada hacia el círculo de luz. La mujer se dirigió al anciano, le susurreó, y el anciano pareció agitarse algo. Sus ojos brillaron en la penumbra.
En un acento extraño, el anciano habló a Nór.
-Dime joven, ¿conoces a Vudreiyar Sol?
-¿…Sol? Conozco una Sol…
-¿Qué ha sido de ella?
-Ha… muerto…
-¿Muerto? –el anciano, entonces, murmuró algo incomprensible, la mujer exclamó- Dime, joven venido de otro mundo, ¿qué sabes de la muerte de Vudreiyar Sol?
-Murió en circunstancias extrañas… -el anciano, a pesar de las nuevas noticias, se mostró imperturbable, pero comenzó a levantarse con ligera dificultad. Nór no entendía nada. Estaba aun más alterado no sólo porque el anciano de ese extraño lugar, de nativos que no conocían su idioma, conocía su idioma, sino que también estaba perturbado porque ese hombre conocía a Sol, aunque los símbolos le daban una pista. ¿Qué pasaba?
Al susurro del anciano, la mujer y el hombre abandonaron el edificio.
-Joven del otro mundo… ¿Cómo te hacen llamar?
-…Nór…Señor.
-Ahora eres Vudreiyar Nór… ¿Sabes qué es ese amuleto que llevas colgando de tu cuello?
-No… todo ha sido muy rápido…
-¿Qué sabes de los Guardianes de las Balizas?
-Nada… ¡espera! No los he visto, pero creo que me seguían...
-¿Te seguían? Val’ej dawen… Tendrás que aprender rápido, tenemos poco tiempo. Un buen Vudreiyar, y más en estos días, tiene que aprender muy deprisa –fue entonces cuando el anciano se mostró ligeramente perturbado.
El anciano comenzó a explicarle toda la historia de los viajes de Sol a ese mundo, sobre lo que sabían de los Guardianes de las Balizas, y algunos asuntos que Nór le costaba comprender.
"Vudreiyar Sol vino hace lejanos ciclos. Yo aun era tan joven como ella aparentaba por entonces. Llevaba un libro entre sus brazos, venía vestida con extraños ropajes para nosotros, y una lengua lejana. Gracias a sus conocimientos, y su sabiduría, pudimos entendernos. Entonces nos explicó que venía de otro mundo, un mundo que no se podía llegar por los pies, ni por objetos construídos por las manos, sólo a través del Vud'r. Pocos pueden ver el Vud'r, los de ojos claros, y privilegiados son los que pueden ser tomados por los Vud'r. Éstos son los Vudreiyar. Tú eres un Vudreiyar.
"Nuestros antepasados nos contaban que los Vud'r existían desde hacía ciclos de ciclos, desde que se perdió el conocimiento del Origen de Todo. Los Vud'r están protegidos por un Vudair, el Guardián de su Vud'r. Cuando un mortal que no tiene permiso es absorbido, incluso accidentalmente, por un Vud'r, los Vudair van a su caza. Sus órdenes son reabsorber los no-permitidos. Entonces, cuando el Vudair encuentra al no-permitido, le da caza, y lo reabsorbe, para que su esencia no contamine al otro mundo. No puede un mundo tener más esencia que otro, y mucho menos que un mundo tenga esencia transportada de otro mundo. ¡Se rompería el equilibrio!
"Cuando Vudreiyar Sol llegó por vez primera, ella conocía más que nosotros. Los Vud'r comenzaron a tener extraños comportamientos. El tiempo cambiaba, y los Coroc't, nuestros sacerdotes que saben-ver, notaron que nuestro mundo comenzaba a perder esencia por algún Vud'r lejano... Y los Vudair no aparecían. Sol llegó diciendo que su misión era saber la verdad, la verdad de los Vud'r, para entender qué pasaba con su mundo, y con otros mundos. Ella creía que toda la esencia se estaba perdiendo porque quizá los Vud'r perdían la suya también.
"Entonces desapareció por cinco ciclos, cuando nuestro mundo perdía más esencia que otras veces, y cuando volvió, hace un ciclo ya, al cabo de unos días, los Vudair comenzaron a perseguirla. Nunca los habíamos visto, hasta que se acercaron a nuestro pueblo. Buscaban la Vudreiyar. No era un comportamiento natural, pero Sol ya nos advertió que en otro mundo ya habían conocido esa reacción. Los Vud'r son unas bestias a cuatro patas como una persona de alto, pero como dos personas de grueso... Su piel cambia según la luz del entorno, y sus ojos brillan de color azul. Tienen garras de duro cristal azul, con las que desgarran casi cualquier cosa, y su boca, por donde absorben las esencias, está rodeada de mil dientes, y en el interior de su boca no hay otra cosa que el Gran Torbellino del Final Vacío. Y ahora mataban a seres de un mismo mundo. Si no eran del mismo mundo, las abosrben, pero los Vudair ahora matan...
"Llegaron al pueblo, y mataron a cinco de nuestros mejores guerreros. Ellos lucharon, pero todo era inútil. Sol alzó sus conocimientos prohibidos y consiguió ahuyentarlos por mucho tiempo. Ella se quedó recluída aquí, en el templo del Perdón, estudiando toda la información que había recabado de su largo viaje. Y ahora es el momento que te cuente todo lo que ella pudo contarme, antes de volver e irse para siempre...
"La esencia se está escapando hacia un mundo que nosotros no conocemos, y el resto de mundos van perdiendo esencia para tratar de recuperar un equilibrio. A medida que los mundos pierden su esencia, ellos mueren. Primero los seres del agua, luego, los seres de la tierra, luego los del aire, y luego, los del fuego, nosotros. Vudreiyar Sol me mostró unos dibujos según lo que había descubierto una red de mundos. Hay muchos mundos, y todos ellos conectados, algunos directamente, otros alejados unos de otros. Y los Vud'r son las puertas de conexión. Seguramente los Vudair actuan así por la inestabilidad del Todo.
"Vudreiyar Sol se fue para acabar de descubrir lo que le faltaba por conocer, espero que lo lograra. Tú eres el nuevo Vudreiyar. Los Vudair te perseguirán. Esos amuletos te protegerán todo lo que el extraño material puede protegerte contra ellos. Nunca los dejes, ni olvides, ni pierdas. El libro de Vudreiyar Sol contiene todo lo que ella llegó a saber. Tú, Vudreiyar Nór, debes partir de aquí y del punto que dejó Vudreiyar Sol y salvar mi mundo, tu mundo, y todos los mundos. Queda muy poco tiempo...
Un hombre entró por la puerta y le informó de algo, el anciano asintió, y le dijo algo. Se levantó. Nór estaba muy aturdido, muy confuso, muy incómodo. No entendía ni quería entender esa situación, ni las responsabilidades que le querían otorgar.
"Ahora vendrán Nat'aur y la sacerdotisa que-ve Mele'siar. Ellos han sido encomendados a protegerte el resto de tu camino. Nat'aur es nuestro mejor guerrero, y Mele'siar es una gran sacerdotisa de gran poder. Iniciaréis un largo viaje, antes de que el Vudair salga de su prisión. Te estaba siguiendo... He creado la última cocción del extraño material, y os la llevaréis vosotros. Mele'siar sabe como y cuando usarlo. Partiréis ahora, hacia otro Vud'r, en la lejanía del desierto. Recuerda, ellos pueden pasar porque han sido preparados como Vudreiyar, pero sólo podrán pasar contigo si van contigo, pues tú eres el sucesor de Vudreiyar Sol.
El viaje de Nór inició en desierto. Se sentía coaccionado a continuar por un destino en el que no había creído hasta entonces. Ese anciano le hablaba como si hubiera sido elegido. Sabía que nadie le había elegido, nadie le había dicho a Nór que tenía unas obligaciones que parecían más propias de un extraño sueño, o más bien de una pesadilla. Aun se sentía como si nada de lo que sucedía fuera real... Ni siquiera él había escogido estar allí. Aun era muy joven, su tarea era la cosecha,... Aunque el tiempo cambiaba constantemente y las cosechas se desajustaban, se perdían parcialmente... Su tarea era ser cosechador, proveer de alimento a su pueblo, proveer a su pueblo de lo que necesitaban... La alimentación era una necesidad para vivir... Vivir, y el tiempo estaba cambiando. Sus acompañantes eran silenciosos. Llevaban mucho peso en las espaldas, quizá Nór era el que más, pues cargaba en su pecho los extraños amuletos, y en la mochila de su espalda además, el libro de Sol.
Se movían rápidamente por el desierto que se tornaba cada vez más pedregoso. En la lejanía veía escarpadas protuberancias., a dos días más o menos de camino. En una parada Mele'siar le señaló aquel lugar y le indicó muy vastamente que era por allí donde estaba el siguiente Vud'r. No podían hablar, y comentar lo que sentían. Nór se sentía además solo, e incómodo entre desconocidos que parecían marginarle no sólo por ser totalmente extraño, sino por una maldición que parecía haber augurado con su simple llegada accidental. Y seguramente Mele'siar y Nat'aur también se sentían igual. Aunque apenas tampoco hablaban entre ellos.
Durante el siguiente día de viaje, Nór se cuestionaba cosas que no entendía, o no le encajaban, como por ejemplo...¿Si sólo podía haber un Vudreiyar de esos, porque sus dos acompañantes ahora podían serlo también?... ¿Los Vudair, o los monstruos guardianes, como podían reconocer objetivos, si eran de otro mundo, o si podían distinguir entre Vudreiyar, y si siempre habían sido así?
Evidentemente, durante el costoso y agotador viaje, no pudo solventar esas dudas. No podía comunicarse con unos acompañantes que apenas le entendían en su lengua, y menos siendo tan poco comunicativos en general. No podía leer ni ojear el libro de Sol, pues cuando era de día caminaban con presteza, y cuando era de noche, no encendían ni una brasa.
Finalmente llegaron ante un Vud'r, o Baliza. Ahora podía observarla con más calma. Era un prisma de luz resplandeciente azul, con un interior que parecía ser de luz blanca. Flotaba suspenso en el aire. Notaba una brisa que se escapaba por allí. Hilillos de arena y materia desaparecían dentro de la Baliza. Mele'siar estaba acongojada, pero no quería mostrar temor. Nat'aur estaba algo impresionado, pero tampoco parecía mostrar temor en su semblante. Se acercaron los tres en paralelo hacia la Baliza, y desaparecieron.
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