Cayeron en un rincón de un bosque. Les dolían todas las extremidades, las puntas de los dedos de las manos y los pies les hormigueaban de una forma exagerada, picaban.
Nat'aur fue el primero en levantarse, torpemente y mareado, parecería a un extraño que bailaba en éxtasis algún baile chamánico, o que había sido drogado.
Mele'siar se encontraba aun en el suelo de tierra y hojas pináceas secas, su torso sobre sus piernas. Se apretaba la barriga con sus brazos y de su cabeza se veía una masa de cabello oscuro.
Nór era, probablemente quien se encontraba físicamente mejor, pero estaba aun confundido y desorientado. Al principio sus ojos no le permitían ver nada más allá de una confusión blanca, pero poco a poco pudo ir viendo lo que representaba el mundo donde estaban. Le parecía familiar pero a la vez le era todo extraño. La luz, la temperatura, el aire, el paisaje que estaba en su alrededor sobrecogedor. Era familiar porque no veía nada excesivamente extraño, pero no habría sabido definir qué le era diferente en un primer término. Ese mundo podría pasar por su mundo sino supiera nada de su situación teórica en un espacio que había cambiado en su mente.
Tardaron varios minutos, quien sabe si una hora, en estar preparados para partir de aquel lugar. Mele'siar le dijo algo en un tono muy preocupado a Nata'ur, y él pareció estar de acuerdo con lo que ella le estaba diciendo, y miraron a Nór, el cual se hacía con la idea de que debía acostumbrarse a que no hablarían su idioma y no parecían dispuestos a comunicarse más allá de lo necesario.
-Me pregunto porque vuestro Maestro, abuelo, o quien sea, no os enseño a hablar cuatro tonterías de mi idioma si él sabía... -exclamó Nór- deberíamos intentar hablar... -miró a sus compañeros los cuales comenzaron a erguirse correctamente y se disponían a caminar-... digo yo, si somos un equipo, o tenéis que proteger lo que representa que tengo que hacer, podríais intentar ser más co-mu-ni-ca-ti-vos.
Sólo Mele'siar lo miraba severamente, mientras caminaban entre un montón de troncos. Un montón de troncos, aseveró Nór. Aun quedaba algún árbol, algo extraños pero serían de una especie que Nór no conocía, con su ramaje de hojas en forma de agujas azul verdoso. El resto de árboles, eran troncos secos, y contra más se alejaban del radio de la baliza, menos áreas de árboles muertos veían, pero esto no lo descubrió hasta que horas más tarde se puso el Sol de aquel lugar.
Nata'ur había cazado algo sin que Nór se hubiera dado cuenta que éste se había separado un rato, y no fue hasta entrada la noche que se dispusieron a encender un fuego, comer lo más rápido que las mandíbulas les permitían masticar la carne dura de aquel pájaro verde y grande difícil de desplumar. Nór había estado algo ausente, intentando recordar qué debería hacer. Apagaron el fuego y se durmieron haciendo turnos, exceptuando a Nór, a quien no dejaron hacerle turno ycon señales y miradas amenazantes le obligaban a yacer en el suelo.
Antes de amanecer Nat'aur le despertó. Había descansado mejor que la anterior noche en el otro mundo. Continuaron su camino, pero a paso más rápido, los dos acompañantes parecían estar algo alarmados. En poco tiempo el brillo grisáceo del amanecer se dejó ver casi enfrente de ellos.
Mele'siar se giró a mirar hacia atrás y comenzó a ir más deprisa. Le dijo algo a Nata'ur, y Nata'ur se situo tras de Nór. Mele'siar miró a Nór y le dijo "Corre". Fue tan contundente con su mirada y expresión y su tono de voz, que no le dio tiempo a darse cuenta que ese "corre" lo había entendido en su idioma.
Sinceramente, aunque Nór no se atrevió a mirar atrás por el pavor a ver algo monstruoso o amenazante, no escuchaba nada. Sin embargo, notaba una presión que le perseguía. Esa sensación cuando alguien que es una amenaza conocida se acerca hacia tu dirección, y sabes que puede ir a por ti sin freno.
Habiendo estado el Sol en su cima, llegaron a un camino con unos margenes cada vez más anchos. Continuaron corriendo por ese camino. Nór no estaba ni mucho menos acostumbrado a resistir grandes trayectos con ese ritmo. Sus pulmones no querían continuar el mismo ritmo y comenzó a toser y se paró, haciendo frenar a los otros dos protectores. El camino giraba un recodo, hacia el fondo, del verdoso bosque hacia la derecha.
Mientras Nór se apoyaba en sus piernas para recuperar el aliento, se giró hacia atrás el camino por curiosidad, y notó un frío estremecedor. Mele'siar estaba nerviosa, y Nata'ur se puso en guardia. Nór comenzó a correr de nuevo, olvidándose de los demás.
Una figura se postró ante ellos, quizá a menos de unos cien codos de ellos. Mele'siar exclamó un grito de espanto, y comenzó a rebuscar entre su pequeño equipaje algo. Nata'ur estaba alerta pero más calmado. Sacó una de las flechas que llevaba encima y desenroscó de la vara su punta metálica. Mele'siar acabó de encontrar lo que buscaba, y Nata'ur lo enrolló en la vara de la flecha. Era otra punta, de un metal que Nór recordaría por sus amuletos, pesado, parecido al hierro, pero más negruzco, y tenía unas espirales dibujadas en el triángulo que formaba la punta en sí.
Era una figura espantosa, corría a una velocidad mortal, y Nór se dio cuenta que ya lo tenía encima, en todo ese tiempo que sólo sucedió en menos de quince segundos. Sus ojos humeaban energía azul inyectados de ira. Mediría algo como dos jabalíes puestos uno encima de otro, y su fiera mandíbula asestada de dientes que parecían metálicos, se abrieron y apareció un rugiente torbellino de energía azul, mientras el monstruo mobía su torso fiero. Nór estaba congelado. Veía como ese torbellino iba atrayendo partículas de arena y de hojas secas hacia su boca hambrienta.
Cuando ya estaba a dos pasos de Nór, el cual ya estaba sentado del espanto en el suelo, y notaba su energía succionadora comenzaba a arrastrar con algo de fuerza su pie, Nata'ur disparó una veloz flecha que acabó en su boca absorbente. La vara de madera se desintegró en un instante, pero el metal se quedó allí, moviéndose como una hoja encima de un remolino de agua formado por la precipitación de cascadas en un río. La fiera comenzó a tambalearse, luego dio un paso atrás, cerró la boca, se sentó de forma muy mecánica, y sus ojos azul brillantes se apagaron.
1 comentarios:
Y que pasó entonces ?
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